Durante años, muchas empresas trataron el traslado laboral como un problema externo.

La empresa se ocupaba de la jornada. El empleado se ocupaba de llegar. Ese modelo quedó viejo.

En operaciones con plantas, depósitos, laboratorios, aeropuertos, centros logísticos, oficinas corporativas o servicios críticos, el traslado no está “antes” del trabajo.

Es el primer eslabón de la operación.

Si falla, falla el turno.
Si se demora, se demora el arranque.
Si no se puede auditar, aparece un punto ciego de seguridad, compliance y presupuesto.

Y si todos los días depende de la improvisación, también se deteriora la experiencia del empleado.

El regreso presencial volvió visible un problema que ya existía

La conversación sobre presencialidad suele enfocarse en la oficina: cuántos días, qué espacios, qué beneficios, qué cultura.

Pero hay una pregunta previa que muchas empresas todavía no están midiendo bien:

¿Cómo llega la gente al lugar donde tiene que trabajar?

En Argentina, la presencialidad sigue siendo la regla para una parte enorme del mercado laboral. Según una encuesta de Randstad citada por Buenos Aires Times, el 83% de los trabajadores argentinos declara trabajar completamente de forma presencial, aunque más de la mitad preferiría un esquema híbrido.

Pero para muchos sectores, el híbrido no resuelve el problema.

Un operario de planta no puede fabricar desde su casa.
Un técnico no puede cubrir una guardia desde una videollamada.
Una tripulación no puede presentarse tarde porque “no había autos disponibles”.
Un equipo de logística no puede iniciar el turno cuando cada persona resuelve su traslado por separado.

En esos casos, la experiencia laboral no empieza en el molinete, en la recepción ni en el vestuario.

Empieza en el primer punto de recogida.

El AMBA no perdona la improvisación

Gestionar movilidad en el Gran Buenos Aires no es lo mismo que pedir un traslado ocasional en una ciudad chica.

Según TomTom Traffic Index, en 2025 un viaje promedio de 10 km en Gran Buenos Aires tomó 31 minutos y 35 segundos. En hora pico de la tarde, ese mismo tramo llegó a 39 minutos y 13 segundos. El reporte también estima 126 horas perdidas por congestión en hora pico durante el año.

Esto importa porque, en movilidad corporativa, el tiempo no se mide solo en minutos.

Se mide en impacto operativo.

Un retraso de 20 minutos puede significar:

  • un turno que no arranca a tiempo;
  • horas extra para cubrir una demora;
  • supervisores resolviendo urgencias que deberían estar automatizadas;
  • pasajeros esperando sin información;
  • reclamos internos;
  • pérdida de trazabilidad;
  • costos administrativos que no aparecen en la tarifa inicial.

El problema no es únicamente llegar tarde.

El problema es que la empresa no sepa con precisión quién viaja, por dónde, en qué unidad, con qué ocupación, bajo qué autorización y con qué respaldo operativo.

La movilidad también es experiencia del empleado

Durante mucho tiempo, las empresas asociaron “beneficios” con elementos visibles: oficina linda, snacks, descuentos, días flexibles, actividades internas.

Pero para una persona que entra a las 6 de la mañana en una planta industrial, un beneficio concreto puede ser mucho más simple:

saber dónde la pasan a buscar,
a qué hora,
en qué vehículo,
con qué recorrido,
con qué soporte si algo falla,
y cómo vuelve a su casa.

Ese nivel de previsibilidad no es menor.

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La movilidad corporativa moderna se gestiona con indicadores.

Algunos de los más importantes:

Puntualidad por recorrido
No alcanza con saber si una persona llegó tarde. Hay que saber qué ruta, horario o punto de recogida está generando el desvío.

Ocupación real por vehículo
Un vehículo subutilizado no solo encarece el servicio. También muestra una oportunidad de rediseño logístico.

Costo por pasajero
El costo por viaje puede engañar. El costo por pasajero muestra si la movilidad está siendo eficiente o si se están moviendo recursos vacíos.

Trazabilidad documental
Vehículos, seguros, conductores, habilitaciones, horarios y pasajeros deben poder auditarse. En seguridad vial, ISO 39001 plantea la gestión de la seguridad vial como un sistema que las organizaciones pueden controlar o influir cuando interactúan con el tránsito.

Tiempo de respuesta ante contingencias
La pregunta no es si va a haber imprevistos. La pregunta es cuánto tarda la operación en detectarlos y resolverlos.

De “trasladar personas” a gestionar movilidad

Mover personas es ejecutar un viaje. Gestionar movilidad es diseñar un sistema.

Un sistema con rutas, horarios, autorizaciones, reportes, vehículos auditados, soporte humano y datos para mejorar.

Esa diferencia es clave. Porque cuando la movilidad se resuelve caso por caso, la empresa pierde control. Cuando se gestiona como sistema, la movilidad deja de ser una fuente de fricción y se convierte en una ventaja operativa.

En InPunto trabajamos desde esa lógica: movilidad corporativa pensada para empresas que necesitan previsibilidad, trazabilidad y control. Recorridos fijos, vehículos auditados, seguimiento, reportes y soporte para que cada traslado forme parte de una operación medible.

La pregunta ya no es solamente cuánto cuesta mover a una persona.

La pregunta es cuánto pierde una organización cuando no puede asegurar cómo llegan y vuelven las personas que hacen funcionar el negocio.

Porque la experiencia del empleado empieza cuando ficha.

Y también cuando sabe que va a llegar.

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